27 de marzo de 2011

Relatividad

La física jamás fue mi fuerte, nunca tenía la paciencia necesaria ni la memoria suficiente para entender la teoría ni para resolver los problemas que se me planteaban. Un tren viene en una dirección a tal velocidad desde el kilómetro tal y el otro de la misma manera avanza a la velocidad fija de esto y lo otro...y si hubiese sido por mí todos aquellos problemas hubiesen acabado en desastrosos accidentes ferroviarios. Sin embargo un mes de junio, cuando acababa 2º de BUP (ahora 4º de la ESO), y se suponía que podía olvidarme para siempre de la física por que en el siguiente curso me pasaba a letras mixtas (en vez de dar latín como en las letras puras se daban ciencias naturales), recibí una esperada sorpresa, mi primer suspenso para septiembre, en física... uf
En ese momento me acordé de toda la familia de Einstein, de la de Newton, y como no, de la de la profesora que, una como tantas, carecía de la pasión y entrega necesarias para causar en mí un mínimo interés en la asignatura.
Cuando dejé de echarle la culpa al universo empecé a programarme el estudio para el verano, y me di cuenta de que, teniendo tanto tiempo, me bastaba con un par de horas al día. Como jamás había hecho en mi vida, me programé una hora cada día para pasar a limpio y explicar con mis palabras toda la teoría y las fórmulas que derivaban de ella, y otra hora para hacer unos cuantos ejercicios y repetirlos una y otra vez hasta que me salieran bien, lo cual, dicho de paso, era bastante complicado. De modo que por una parte escribía y estudiaba la teoría, y por la otra hacía ejercicios, daba igual uno que 10, el caso es que al acabarlo y haberlo resuelto bien, lo hubiese entendido.
Después de unas semanas estudiando sin prisas, sin presión, sabiendo que esas dos horas por la mañana me dejaban todo el día para mí, empecé a entender la física, empecé a poder memorizarla porque por fin la entendía, y cuando llego septiembre, una yo reconciliada con todos los científicos incomprendidos para mí hasta entonces, se enfrentó a un examen de física en el que se decidía todo. Y por primera vez en un examen de ciencias exactas, al leer el examen, supe al instante que no tenía ningún misterio para mí. Como me sobró tiempo repasé y repasé, una y otra vez cada paso, cada ejercicio, y salí de allí más contenta que unas pascuas. Unos días más tarde llamé al colegio y me dijeron que había pasado el examen. Y estaba tan eufórica que di las gracias, colgué el teléfono y me di cuenta de que no había preguntado mi nota. No me importó en absoluto...Quizás ahora podría enorgullecerme de mi primer y único sobresaliente en física, pero para mí ese verano supuso mucho más que una calificación, aprendí por fin a que se refería Einstein con la teoría de la relatividad, y es que la percepción del espacio y el tiempo depende del estado de movimiento del observador o es relativa al observador.
Me había pasado el año entero renegando de esa maldita asignatura, pero cuando para mí, la observadora, cambió el tiempo, el espacio, el movimiento y la manera de aprender, pasé un verano realmente apasionada y adicta a fórmulas y problemas sintiéndome realmente bien.
Últimamente me he dado cuenta de que todo, absolutamente todo, es relativo. No es que antes no lo supiera, pero "darse cuenta" como dice mi adorado Jorge Bucay, supone un cambio de óptica importante.
Vivimos en la era de la relatividad. La mayoría de nosotros es incapaz de escoger un partido o grupo político porque cada uno apoya una ideología, unas causas y una manera diferente de gobernar, y aún así en cada uno de ellos, vemos algo que nos gusta y algo que nos repugna, lo que hace que no podamos posicionarnos al 100%.
Hace poco, a causa de unos terribles hechos cometidos por un dueño a su cachorro, hubo un gran movimiento para el endurecimiento del código penal para los maltratadores de animales. La causa me pareció loable y decidí que de alguna manera yo también quería ayudar, y acepté la invitación a un grupo del Facebook en el que se organizaba la manifestación del 25 de marzo. Inevitablemente para mí, surgió la polémica, y me di cuenta de que los extremos no están hechos para mí, y que soy demasiado empática como para olvidarme de la relatividad. La polémica en cuestión venía porque estaban en contra de las páginas web en las que se regalaban o vendían animales, ya que fomentaban una ética negativa, el que una persona pudiese deshacerse de su animal como si tal cosa poniendo un solo anuncio en Internet.
Hace unos meses mi pareja y yo decidimos adoptar una gatita, y ya que nosotros no tenemos coche para desplazarnos a una protectora más lejana y en la protectora de Móstoles lo que más se ofrecían eran perros, yo decidí mirar en estas páginas de Internet. Todas las personas con las que contacté, que regalaban gatitos, me parecieron encantadoras y muy preocupadas por sus gatos, la mayoría incluso pedían la firma de un contrato de adopción y un seguimiento posterior. Nos decidimos por una pareja que regalaba gatitos de 2 meses sin ningún tipo de contrato ni seguimiento, solo pedían que se le vacunase, se le quisiera y se le cuidase. Me gustó esta pareja porque me pareció que tenían verdadera fe en las personas, y aceptamos una gatita preciosa blanca y atigrada a la que llamamos Isis y tiene ya casi 6 meses. Aún recuerdo la carita de la antigua dueña cuando nos la entregó entre maullidos y temblores. No fue un buen trago para ella...y creo que no lo debe ser para nadie que realmente ame a los animales.
En consecuencia, ¿como podía yo estar en contra de páginas como éstas que hacen que muchas personas, igual que yo, hayan podido tener un compañero peludo que nos alegre los días de esta vida a veces tan apática?.
Decidí que "no podía pertenecer a un club que tuviese como miembro a alguien como yo" y abandoné el grupo. Y quiero aclarar que hicieron un fantástico trabajo con la manifestación ya que sus principios y valores, al igual que los míos, son buenos.
Pero yo...no estoy hecha para ideologías extremistas. Yo...me pongo demasiado en el lugar de las personas como para no ser flexible...Yo...no estoy hecha para apoyar una causa de manera total...Yo...veo demasiados matices como para no darme cuenta de la relatividad de cada situación y de cada persona, vivo conforme a mis principios pero estos cambian y mutan constantemente a pesar de seguir siendo los mismos, porque yo cambio.
Porque para mi escuchar una guitarra eléctrica es vigorizante y a otras personas les da dolor de cabeza, porque para mí tener un gatito en mis rodillas me da calor y me relaja y a otras personas les aburre o les hace estornudar hasta la extenuación, porque tomar una decisión como es pensar un poco más en mí misma es una necesidad y para otros es simple egoísmo, porque para mí el ver cada matiz de cada situación y cuestionar cada pensamiento de mi mente es mejorar y para otras personas es estar perturbado mentalmente.
Todo es relativo, ninguno vemos las cosas de la misma manera y al final lo que cuenta es que cada uno de nosotros esté de acuerdo con su manera de vivir y contento con su manera de ser. Y si no es así, es hora de empezar a hacer las cosas diferentes para que todo cambie.
Y es lo que yo pienso hacer, de igual manera que puedo coger algo bueno y algo malo de cada ideología política, voy a quedarme con lo que me gusta, lo bueno, lo que me hace auténtica, y voy a cambiar aquellas cosas que hacen que mis músculos y tendones hayan pagado las consecuencias de una época de nervios, estrés, y locura general.
Voy a ser yo misma, pero de manera increíblemente relativa, que ya era hora...

Y ahora os dejo con un video de la banda sonora da la película Mulan, que como todas las películas de Disney, encierra una importante moraleja: debemos tener valor para ir más alla de las apariencias, de los límites, y poner todas las ganas para ser mejores...


13 de febrero de 2011

La vida es un viaje

Curiosos los cambios de la vida...es como una gran montaña rusa en la que hay subidas, loopings, bajadas, y así infinitamente. A pesar de que pienses que tienes los pies en la tierra, tu cabeza puede estar en sitios muy diferentes y no darte cuenta de el transcurso de los acontecimientos. Y sin embargo en otros momentos pareces anclado al mundo, y la fuerza de la gravedad te aplasta hacia el suelo mientras poco a poco pierdes la visión de tus sueños. Nunca sabemos a donde nos puede llevar la vida, que es lo que será de nosotros en el futuro. Entonces te das cuenta de algo muy sencillo, una de esas afirmaciones que jamás habías aceptado con anterioridad vuelve a tu cabeza y tu vida ha cambiado tanto que estas seguro de que NADA ES PARA SIEMPRE.
Bueno, a mi en mi mundo idílico me gustaba pensar que había cosas que eran para siempre...pero no lo son por una razón muy simple: incluso esas cosas que conseguimos conservar en el tiempo cambian para nosotros de significado e importancia, incluso las personas que llevan con nosotros toda una vida, esas que retenemos por el miedo a que no estén a nuestro lado, tampoco son para siempre, y es más, incluso aunque sigan a nuestro lado esas personas cambiarán y quien sabe si la vida podría alejarlas de nosotros...
Puede parecer un pensamiento un tanto pesimista, pero pesimista no es lo mismo que negativo. Porque sabiendo que en la vida todo puede cambiar, que las personas vienen, van, aprendemos a valorar todas esas cosas y personas que realmente nos llenan como realmente se merecen, y es que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.Si sabemos que la vida es una eterna montaña rusa podemos aprender a disfrutar un poco más en vez de sufrir tanto. Al fin y al cabo, la vida no es más que un viaje de ida...nunca volveremos, ¿porque no disfrutar del viaje? ¿Porque no ser tu mismo, hacer locuras, vivir al máximo y pensar que todo lo que tenemos NO ES PARA SIEMPRE para poder aprovechar cada minuto haciendo eso que te gusta, o cada segundo con las personas que queremos, o cada día como si fuera el último?
Cuando llegue el final de mi montaña rusa quiero poder decir con una sonrisa...¡Ufff que buen viaje!!!


25 de diciembre de 2010

Dejemos que los buenos momentos continúen...

Día 25 de diciembre, Navidad. Aquí estamos, cerca del fin de otro año. En estos momentos muchas personas nos planteamos todo lo que ha dado de sí este año. El mío, desde luego, ha dado para mucho.
Empecé el año con mucha esperanza y fe de que este iba a ser el año en el que mi vida habría dado el vuelco más grande hasta ahora. Y no es que haya sido un vuelco, ha sido una gran montaña rusa, con momentos de estar arriba, de bajar un poco, de estar estable, de subir a lo más alto y caer hasta lo más profundo, para empezar poco a poco a volver a remontar, una vez más.
No hay nada más enriquecedor para el alma que un año como este, un año que me ha ayudado a vencer algunos límites, a conocer lo más hondo de mí, a exprimirme y sacar bastante jugo y un buen puñado de lágrimas, a ser un poco más eso que debo ser y que ni siquiera yo se, a experimentar multitud de sentimientos.
Y mirando atrás me quedo con los buenos recuerdos. No es que los malos sean tan malos porque han sido siempre para algo bueno, pero como siempre, el optimismo embarga mi alma cuando recuerdo la gran cantidad de sueños cumplidos .
Este año me he independizado, he ayudado a construir un hogar, he dejado atrás mi antiguo lugar de trabajo...Este año me he descubierto a mí misma.
He descubierto que puedo ser lo suficientemente fuerte para encarar la vida como venga, aunque existan momentos de dudas, de frustración y de tristeza.
He descubierto que tengo total permiso para seguir soñando, que cuanto más se sueña más se consigue y que está bien que yo sea una soñadora, piensen lo que piensen.
He descubierto que me encanta ser yo, vivir entre la alegría y el dolor, el caos y la armonía, lo alto de la montaña y el pozo más profundo.
He descubierto que tengo que seguir esforzándome, que debo seguir luchando por mí, por mi mundo, por aquellas personas que siguen estando ahí a pesar de ser una locura total...
Así que una vez más, querido año 2010, gracias por haber sido el año más loco y feliz de mi vida. Solo puedo decir...
GRACIAS POR LOS RECUERDOS.

8 de noviembre de 2010

El miedo a lo desconocido

Bienvenidos como siempre al día de hoy. Me encantaría que en este preciso momento fueramos todos capaces de vivir en el presente, de concentrarnos en este minuto en el ahora y no pensar en lo que ayer pasó ni en lo que pasará mañana.
Si fuésemos capaces de hacerlo casi todos nuestros miedos desaparecerían, ya que el miedo más comun y el que en mi opinión engloba a casi todos los demás es el MIEDO A LO DESCONOCIDO.
Antes de poner al miedo como el malo del asunto me temo que debo defenderlo. El miedo no es malo, no es dañino, es algo vital para la supervivencia, ya que posiblemente si no tuviésemos miedo a nada iríamos cruzando la calle sin mirar y nos arriesgariamos a ser atropellados por un autobús. Bueno, un caso dramático pero cierto.
Desde tiempos inmemoriales todos nuestros antepasados han sufrido miedo, y ha sido un componente importante para nuestra evolución como especie. Pero si es así, ¿porque nos avergüenza tanto admitir nuestros miedos?
Pensad un poco en vuestra educación, en como de pequeños se ha tratado con el miedo en vuestra familia. En algunas familias los padres excesivamente temerosos crían hijos llenos de miedos, en otras se trata el miedo como si no pasase nada, de modo que los hijos crecen rechazando la sola idea de tener miedo y negándose a si mismos.
Esto puede significar muchas cosas, son solo ejemplos, pero la realidad, es que nuestra infancia tiene mucho que ver en como nos enfrentamos al miedo.
También hay muchos factores a tener en cuenta, como el entorno social, la creación de la autoestima y de la subjetiva y propia visión del mundo.
Pero ojo, todo esto sirve como una estupenda justificación de que la culpa la tienen nuestros padres o compañeros de clase o un largo etcetera, ¿o no?
Pues si estabais empezando a eludir vuestra responsabilidad como personas más vale que dejeis de pensar en eso, porque la última palabra la teneis vosotros.
No es malo tener miedo, lo que es malo es que los miedos gobiernen nuestra vida y nos obliguen a no hacer cosas que son perfectamente normales, naturales y satisfactorias. Es entonces cuando un miedo se transforma en FOBIA.
Cuando alguien sufre UNA FOBIA, siente una versión extrañamente evolucionada del miedo, es decir, EL MIEDO A LO QUE VA A PASAR.
Si alguien siente fobia a las alturas su mente le dice que se va a caer, el que siente fobia a las arañas sigue lo que su mente le dice, quizás que si se acerca la araña saltará encima y la sensación será espantosa, para el que siente fobia a entrar en lugares cerrados cree que se quedará atrapado y jamás podrá salir.
En todos los casos su mente le dice lo que va a pasar, aún cuando es bastante improbable si se mira desde un punto de vista objetivo. Es decir, que como decía antes, se deja traslucir ahí un miedo a lo desconocido, un temor a que algo que no tiene porque pasar pasa. Es lo que se suele llamar anticipar acontecimientos.
Como consecuencia directa, no nos atrevemos a hacer cosas porque creemos que todo saldrá mal. Lo que llamamos pesimismo.
Hay gente feliz de ser pesimista porque cree que de esa manera tiene más controlada una situación, pero el resultado habitual es que el pesimista no se lance a intentar algo nuevo y dejar la puerta abierta al cambio, porque, seamos realistas, yo personalmente si creo que algo me va a salir mal evito hacerlo.
Lo bueno de todo esto, es que podemos cambiarlo.
No es nada facil romper el mecanismo de una fobia arraigada en lo más profundo de nosotros, y debemos empezar a aceptar que no pasa nada por tener miedo, no debemos sentirnos avergonzados, porque todos, absolutamente todos, tenemos miedo.
Y después viene la parte dificil, la de enfrentarse al miedo. Para ello debemos de sentirnos completamente convencidos de que queremos cambiar la situación, de que nos está haciendo daño vivir temerosos de algo.
Pero para llegar a enfrentar un miedo es fundamental cultivar el optimismo y regarlo todos los días en cada momento. Es hora de llevarle la contraria a nuestra mente un poco. ¿Que ella dice que va a salir mal? Pues vamos a contestarla que todo va a salir bien. Algunas técnicas que yo utilicé para ser optimista y sobrevivir fueron:
- Cada mañana al levantarse pensar en algo positivo que va a suceder HOY.
- Cada noche al acostarse pensar en las cosas buenas que nos han pasado y hoy y en las que podrían suceder mañana, y ¿porque no? soñar despiertos, hacernos nuestra película en la cabeza de como sería nuestra vida ideal.
- Apuntar en una libreta las razones por las que deseamos seguir viviendo, sean pocas o muchas, da igual.
A mi me sirvió para sobrevivir, pero eso fue la antesala, ya que mis sueños, fueron cumpliéndose uno a uno tras años y años de práctica, hasta que ser optimista, con el paso de los años se convirtió en mi forma de vida.
Y por lo tanto, si creemos que todo va a salir bien, si podemos estar en este momento sin pensar en mil calamidades que probablemente nunca sucederán, estaremos listos para enfrentarnos con éxito a nuestra mayor fobia, porque pensaremos...no pasa nada, todo va a salir bien, no me va a pasar nada, en vez de pensar en tooooodo lo malo que podría pasar.
No hay una receta única para enfrentarse al miedo a lo desconocido, esta es la que a mi me ha servido, además de dejarse ayudar por un profesional.
No es facil, pero tampoco es imposible.
Tenemos que decirnos a nosotros mismos que podemos, que seremos capaces de encontrar el camino de la tranquilidad, de la paz con nosotros mismos, de superar nuestros miedos y ver el nuev día de otra manera.
Por si os anima al empezar, la primera vez es la peor, a enfrentar miedos se aprende con la práctica y el valor de no dejar que controlen nuestra vida, der ser libres y ser como queramos ser y no como nos obliguen a ser.






31 de octubre de 2010

La filosofía del presente

Bienvenidos al primer día del resto de vuestra vida. Mirad a vuestro alrededor, hoy es un nuevo día, una nueva oportunidad para lograr vuestros sueños, y es que cada día es un regalo.
Muchas personas os sentis abrumadas por la rutina, soleis decir: ¡todos los días lo mismo! Y no os dáis cuenta del gran regalo que es estar vivos y poder vivir un día más. Esta lección la aprendí con 9 años, aunque tardé algunos años en comprender realmente aquel conocimiento que había quedado latente en mí.
Durante toda mi vida, experimenté con exagerada empatía el fragil estado de salud de mi padre, pero había algo que me evitaba sentir tristeza o miedo, su sonrisa.
Pasados los años y superado el trauma empecé a entender los porqués de esa maravillosa sonrisa que él siempre lucía en su rostro. Uno era el hecho de tener dos hijas y una mujer que le querían, y por eso se sentía agradecido, y a la vez obligado a dar lo mejor de sí mismo a pesar de los problemas. Otro, el más importante para mí, era la conciencia total de que cualquier día podía ser el último, y que por ello, debía ser vivido como si realmente lo fuera. Y esto fue así hasta su último día, nunca dejo de dar gracias por lo que tenía ni de sonreir y hacer algo nuevo con su tiempo: ya fuese tallar madera para darle hermosas formas o pintar un cuadro que reflejara lo más interno de su corazón, y como no, pasar tiempo con las personas que daban significado a su vida: su familia.
Mi padre era un especialista en algo llamado LA FILOSOFÍA DEL PRESENTE.
En su caso, no tenía otra opción, su modo de vida estaba marcado por su inminente muerte, y prefirió vivir con intensidad a sobrevivir lamentándose.
¿Pero que ocurre con nosotros? ¿Que ocurre con aquellas personas que tenemos salud, un techo, ropa que ponernos, personas que nos quieren? Que nunca lo valoramos lo suficiente y vivimos instalados en la queja, en que las cosas nunca son lo suficientemente buenas, buscando siempre una perfección que no existe, con la consiguiente frustración y tristeza por no ser capaces de controlar nuestro destino.
¿Pero que nos pasa? ¿Y si muriésemos mañana? ¿Os gustaría que os recordasen por ser una persona triste, que no daba nada por los demás porque siempre estaba demasiado preocupada por sus propios problemas? YO DESDE LUEGO ME NIEGO.
Se que existe un miedo generalizado a la muerte, pero es más bien un miedo a no poder hacer las cosas que deseamos en la vida, a que no nos de tiempo a conseguir lo que anhelamos, a dejar asuntos pendientes.
Pues transformemos desde hoy ese miedo, la oportunidad de hacer esas cosas la tenemos todos los días, pensemos en quienes queremos ser, en como queremos ser recordados, y trabajad en ello todos los días que la vida os regala.
Si estais cansados de una rutina que no os lleva a nada, haced cambios: si el trabajo no os deja tiempo para pasadlo con las personas que quereis intentad flexibilizar, o trabajar un poco más en casa en vez de quedaros a hacer horas extras, o simplemente, buscad otro trabajo. Si, parece imposible, pero la única manera de ser imposible es no intentarlo.
No olvideis sonreir, buscad aquellas cosas pequeñas de la vida que normalmente no veis, escuchais o sentis por llevar demasiada prisa. Cuando vayais por la calle observar todo lo que os rodea, si realmente sabeis mirar encontrareis cosas que os harán sonreir.
Mientras andais por la calle mirad a todos los escaparates, tened en mente a esas personas especiales que alimentan vuestro corazón, y tened algun detalle con ellos de vez en cuando, los regalos son siempre mejores en días no señalados e inesperados.
Cuando vayais a comprar al supermercado, intentad alguna que otra vez algo que nunca os atreveis a comprar porque engorda, o porque es demasiado caro, y disfrutarlo un día cualquiera, solos o en compañía, saboreando lentamente cada bocado.
Seguro que a vosotros se os ocurrirán más cosas para cambiar vuestro rutinario presente, solo debeis seguir a vuestro corazón y pasar por encima del miedo a equivocaros. Cada día puede ser especial, pero sois vosotros quienes debeis hacerlo posible, la llave está en vuestro corazón, en seguir siempre sus pasos aunque a veces de miedo, en arriesgarte y equivocarte, para aprender de los errores y ser mejores personas.
ESTA VEZ SABEMOS QUE JUNTOS PODEMOS ESTAR EN PIE, TENEMOS EL PODER PARA SER PODEROSOS, CREYENDO QUE PODEMOS HACERLO MEJOR.

27 de octubre de 2010

Este si es el primer día del resto de mi vida.

Y por fín,¡he vuelto!
Y esta vez llena de pensamientos positivos, ¡vengo cargadita señores y señoras!
Hace como un par de semanas he empezado esa nueva etapa en mi vida de la que hablé cuando empecé este blog. Llegó la hora de la independencia, de compartir sonrisas, caras raras y sorpresas de todo tipo. Ha llegado el momento de la convivencia.
Y la verdad que esto no está nada mal...
Es cierto que estoy adelgazando con tanto ajetreo pero eso nunca viene mal ¿no? Hay que sacar de todo algo positivo. Y como decía antes lo veo por todas partes, porque aunque tenga que hacer algunas labores de la casa, lo hago encantada, y esta es la primera vez en mi vida que me pasa algo así.
Esta entrada va dedicada a todas las personas que tienen pareja, y también a quienes desean en su interior ese compañero de camino que tarde o temprano se cruzará con ellos.
Vosotros, que luchais cada día por sobrevivir, en pareja o por separado, que teneis que lidiar con malas caras, pequeñas discusiones (también las que cada uno tiene consigo mismo), ligeros desacuerdos que hacen que el compartir nuestra vida y nuestro tiempo con alguien se vuelva algo insoportable a veces, que a pesar de todo no os reendis y seguis con vuestra particular búsqueda de un compañero, de la felicidad del otro, o de paz y armonía, os doy la enhorabuena.
En 8 años con mi compañero de camino siempre han pesado más las razones para estar juntos que las razones para estar separados, hemos seguido adelante a pesar de todo y no solo eso, hemos dado un paso más. Y como todos sabeis cuando entregamos nuestro corazón a alguien siempre puede haber algo de dolor, pero yo, llegada a este punto, puedo decir que ha merecido la pena y seguirá mereciendo la pena solo por despertarte por la mañana y saber que a tu lado, está un compañero que si le cuidas, caminará contigo para siempre.

Sefuid intentándolo, no tiréis la toalla, yo ya planté mi semilla, y tengo fe en que crezca y se convierta en una maravillosa flor, nunca perdáis la fe.

3 de octubre de 2010

El valor de ser uno mismo.

Queridos amigos, hoy quiero que recuperemos nuestra identidad, o si la estáis buscando, que no ceséis en la búsqueda del conocimiento interior.
Hace falta valor para mostrarnos tal cual somos. ¿Cuantos de vosotros ocultáis una parte de vosotros mismos que creéis que no encaja con los demás? Hay quienes al hablar intentan no decir ciertos comentarios que a la gente le suenan poco menos que raros, hay quienes deciden ocultar que les gustan los gatos solo porque la gente con la que se codea les tiene un odio irracional, los hay que ocultan sus gustos musicales porque no son los de la mayoría, y los que simplemente se inhiben en sociedad porque tienen una manera de ser ciertamente especial.
¿Y porque muchas personas tendemos a hacer este tipo de cosas? Por temor a lo que piensen o digan los demás. Simplemente porque, como personas altamente sensibles, que ya de por si somos bastante especiales, nos cuesta reconocer los comentarios de los demás como simples opiniones, y tendemos a pensar que son críticas.
Aunque haya personas realmente criticonas, creo que la mayoría de las personas no lo son. De la misma manera que ellos exponen libremente sus opiniones nosotros tenemos el derecho a exponer las nuestras, a decirlo cuando algo nos molesta o no nos gusta, o a expresar que algo nos encanta. ¿Acaso somos menos importantes que los demás? NO LO SOMOS.
Pero intentemos equilibrar la situación. Hay ocasiones en las que las opiniones de los demás pueden sernos realmente valiosas, y debemos intentar escuchar siempre lo que tienen que decirnos. Las opiniones, como los consejos, los damos gratuitamente, y los demás deciden si coinciden, si las aceptan, si están de acuerdo o no. Hagamos lo mismo con los consejos y opiniones de los demás, respetemoslas, y decidamos que hacer con ellas.
No siempre tenemos que creernos todo lo que nos dicen, y también depende mucho de que personas vengan los comentarios. Pero saber escuchar y respetar es algo que debemos hacer nosotros si queremos que los demás también lo hagan. Siempre lo digo, no podemos cambiar a los demás, pero sí a nosotros mismos.
Os propongo un ejercicio de auto-motivación, coged un papel y escribirlo si preferís que sea privado, o ponedlo en los comentarios. Decid claramente lo que os gusta, aquello que os diferencia de los demás y se sale de la mayoría. Empezaré yo y me quedaré la mar de agusto.
ME GUSTAN LOS GATOS, EL POWER METAL Y EL ROCK GÓTICO, TENER UNA CASA CON DECORACIÓN COLORIDA Y A MI GUSTO, EL TÉ, LLORAR CUANDO LO NECESITO Y DECIR LO QUE PIENSO.
Y al que no le guste....¡que no mire!